15 de julio de 2013

... ese comentario fuera de lugar...

Y cómo revienta, porque quien lo hace, por más gracioso que quiera hacerlo parecer, no le sale.  Por eso, muchas veces pienso las cosas antes de decir.  Por ejemplo, si veo que la persona no se siente bien anímicamente, en vez de decir cualquier barrabasada, mejor pregunto qué puedo hacer para ayudarle, para que se sienta mejor.  Uno no sabe, porque muchas veces las personas no exteriorizan cómo realmente se sienten, y, en mi caso, prefiero hacer cualquier aclaración como: "Estuve notando tal cosa, pero no me atreví a decirte algo con tal que te sintieras mal."  Oígame, ¡que muchas puertas y corazones se han abierto conmigo!  Eso, gente, se llama tacto.  Creo que no se ve para nada bien el que uno se ponga a hacer comentarios, que quedan muy fuera de lugar.  Uno debe (aunque podría poner tiene que) cultivar el tacto. Uno lo que debería (podría) hacer es echarle el brazo, darle una palmadita o pasarle la mano a esa persona. Hacer comentarios que se cataloguen como "fuera de lugar", no deben (no pueden) exisitir en nuestro sistema.  Es que he visto esto tantas veces.  Por ejemplo, a un buen amigo mío le paso: sé que no había estado anímicamente bien y le han hecho el comentario que no era apropiado en ese momento;  lo miré y dije: "Fulano, me amparo en la quinta enmienda."  (La expresión "quinta enmienda" significa que ni de un lado del otro se está de acuerdo; posición neutral ante un asunto.)  Me ha pasado a mí, que me hacen los comentarios cuando estoy cerca a los "días difíciles".  A ver, ¿te gustaría que te hicieran llorar?  Bueno, no creo que a nadie le gusta que le hagan llorar por comentarios fuera de lugar; todo lo contrario.  Mire, eso se llama "disparar de la baqueta".  No se puede ser irreflexiv@.  Hay que pensar las cosas.  Si no tiene nada edificante que decir, cállese la boca y coma.

¡Ta-ta!

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