Yyyyy, ¡volví! ¡Tanto tiempo! Lo sé: l@s tenía en el abandono total. Malo, malo... Prometo mantenerlos semanalmente con buenas lecturas... Vamo' al mambo...
A ver, ¿quiénes de ustedes tiene una hamaca en su casa? Les cuento que yo tengo una y vivo enamorada de ella. ¡Son tan cómodas! Puedes pasar horas en ella y, ¡ay de quién te pide que te salgas de ella! ¡Jaja!
Las hamacas son mágicas; son cultura también. Fueron nuestros ancestros indígenas quienes las crearon para poder dormir, luego nuestros gloriosos jíbaros las perfeccionaron y, sí, dormían en ellas. Eso de dormir en una cama no existía en el tiempo indígena y los jíbaros no tenían dinero para costear una.
Recuerdo en mi niñez, en casa de mis abuelos maternos, que tenían una en la marquesina. Si estábamos la trulla de niet@s, ¡que peleas formábanos por estar en ella! Ahí salía "Abuelita" a repartir fuete y turnos... Jiji... Y en cada turno, había tiempo de espera y toda la cosa.
Ahora, de adulta, compré una, porque ansiaba una hamaquita... ¡Que ricas son! Y no son caras (costosas). Me salió como en $22 con el IVU (impuesto gubernamental que se le suman a las compras en Puerto Rico)... ¡Ay, mi hamaquita! ¡No la cambio por nada! Es única, mágica y especial; me hace recordar mi niñez y me hace soñar; me hace sentir mejor.
Mientras escribía esto, lo hice desde ¿dónde? Por supuesto, mi querid@ lector/lectora: desde mi hamaca.
No se crean: ya la he compartido; no me hace más hacerlo, porque la comparto de todo corazón para que otr@s sientan otras emociones, mediten, reflexionen... En fin, lo que quieran hacer, hasta dormir si quieren.
¡Ta-ta!
A ver, ¿quiénes de ustedes tiene una hamaca en su casa? Les cuento que yo tengo una y vivo enamorada de ella. ¡Son tan cómodas! Puedes pasar horas en ella y, ¡ay de quién te pide que te salgas de ella! ¡Jaja!
Las hamacas son mágicas; son cultura también. Fueron nuestros ancestros indígenas quienes las crearon para poder dormir, luego nuestros gloriosos jíbaros las perfeccionaron y, sí, dormían en ellas. Eso de dormir en una cama no existía en el tiempo indígena y los jíbaros no tenían dinero para costear una.
| 2012©-Dímelo Cantando, el blog/Myrjurip |
Ahora, de adulta, compré una, porque ansiaba una hamaquita... ¡Que ricas son! Y no son caras (costosas). Me salió como en $22 con el IVU (impuesto gubernamental que se le suman a las compras en Puerto Rico)... ¡Ay, mi hamaquita! ¡No la cambio por nada! Es única, mágica y especial; me hace recordar mi niñez y me hace soñar; me hace sentir mejor.
Mientras escribía esto, lo hice desde ¿dónde? Por supuesto, mi querid@ lector/lectora: desde mi hamaca.
No se crean: ya la he compartido; no me hace más hacerlo, porque la comparto de todo corazón para que otr@s sientan otras emociones, mediten, reflexionen... En fin, lo que quieran hacer, hasta dormir si quieren.
¡Ta-ta!
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