Me imagino que se estará preguntando: "¿De qué hablará ahora?", "No tengo ni idea a que se refiere.", "Que tema extraño..."... Bueno, para mí no es extraño, es algo que viví y es un pequeño desahogo que haré.
Hace poco choqué mi auto porque ¡me fallaron los reflejos! ¡¿Que qué?! Sí, así mismo, y no es la primera vez. Hace dos años me pasó similar; esa vez choqué tan fuerte que el auto que tenía no volvió a encender. Lo más curioso de aquel entonces fue que me quedé dormida con los ojos abiertos como búho en la noche. Esta vez fue en el estacionamiento del lugar donde trabajo. ¡Que desastre y que bochorno! Pensé que el auto que choqué se había movido, entró mi mente en un lapso del más allá, y, ¡zas!, desperté con el ruido del choque. Yo no soy persona que conduzco y me maquillo, o conduzco y estoy con el celular en la mano; esas son malas costumbres que causan accidentes de una magnitud muy fea. Pero, bueno, choqué el auto, lo dejé sin claxon y feo que quedó. Me dí cuenta que no le suena cuando lo fui a cerrar con el "beeper". Cerró pero no sonó. Dobló el marco, según mi padre y partió la barra donde está soldado el gancho del bonete. Tanto así que se perforó el condensador, así que no hay aire acondicionado porque se escapó TODO el gas.
¡Ay bueno! Lo positivo de todo fue que no me pasó nada mayor ni menor, igual que al auto que le dí como a su chofer. No voy a negar que me preocupa el costo, pero eso es algo que vendrá cuando vaya a solucionar el asunto.
Ahora, ¿por qué titulé esta entrada así? Soy muy, pero MUY cuidadosa, con mis cositas; quien me conoce sabe por qué lo digo. El carro es esencial, no lujo, en mi vida; con él voy al trabajo, salgo a disfrutar con mi esposo, mis amistades, ver a mis familiares, me resuelve en las emergencias y me regresa a mi casa. Sin carro, mi historia sería otra. Si fuera por mí, estaría en bicicleta TODO el tiempo, PERO, llegaría toda sudada y eso no es. ¡Jaja! Digo, me FASCINA la bicicleta, pero no es opción en estos momentos que no sea para ir a correr por diversión.
Así quedó el auto:
En fin, ya les contaré en otra entrada el resultado de todo esto.
¡Ta-ta!
Hace poco choqué mi auto porque ¡me fallaron los reflejos! ¡¿Que qué?! Sí, así mismo, y no es la primera vez. Hace dos años me pasó similar; esa vez choqué tan fuerte que el auto que tenía no volvió a encender. Lo más curioso de aquel entonces fue que me quedé dormida con los ojos abiertos como búho en la noche. Esta vez fue en el estacionamiento del lugar donde trabajo. ¡Que desastre y que bochorno! Pensé que el auto que choqué se había movido, entró mi mente en un lapso del más allá, y, ¡zas!, desperté con el ruido del choque. Yo no soy persona que conduzco y me maquillo, o conduzco y estoy con el celular en la mano; esas son malas costumbres que causan accidentes de una magnitud muy fea. Pero, bueno, choqué el auto, lo dejé sin claxon y feo que quedó. Me dí cuenta que no le suena cuando lo fui a cerrar con el "beeper". Cerró pero no sonó. Dobló el marco, según mi padre y partió la barra donde está soldado el gancho del bonete. Tanto así que se perforó el condensador, así que no hay aire acondicionado porque se escapó TODO el gas.
¡Ay bueno! Lo positivo de todo fue que no me pasó nada mayor ni menor, igual que al auto que le dí como a su chofer. No voy a negar que me preocupa el costo, pero eso es algo que vendrá cuando vaya a solucionar el asunto.
Ahora, ¿por qué titulé esta entrada así? Soy muy, pero MUY cuidadosa, con mis cositas; quien me conoce sabe por qué lo digo. El carro es esencial, no lujo, en mi vida; con él voy al trabajo, salgo a disfrutar con mi esposo, mis amistades, ver a mis familiares, me resuelve en las emergencias y me regresa a mi casa. Sin carro, mi historia sería otra. Si fuera por mí, estaría en bicicleta TODO el tiempo, PERO, llegaría toda sudada y eso no es. ¡Jaja! Digo, me FASCINA la bicicleta, pero no es opción en estos momentos que no sea para ir a correr por diversión.
Así quedó el auto:
| 2012 ©-Dímelo cantando, el blog & Myrjurip |
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¡Ta-ta!
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