2 de febrero de 2015

Cazando canguros a último momento... Realidad boricua...

Hablando de fin y principio de mes, heme aquí…

Hablemos del folclor boricua, ese que vuelve locos a todos los boricuas…  Manita arriba porque a mí me vuelve loca…  Pero, ¿qué folclor boricua es del que hablo?  No se equivoque, mi querid@ lector/a, que no me refiero a la música, a lo antiguo como lo es el Viejo San Juan ni mucho menos a personas importantes del país que han pasado a la historia y tuvieron mucho que ver con el verdadero folclor.  Me refiero a la costumbre… de… dejar TODO, pero TODO para último momento.  Me provoca ir a cazar canguros a Australia.  ¿Ahora entienden el título de esta lectura?  ¡Ah!  Sigo…

Resulta que, los boricuas, son expertos en las cosas de último momento; lo quieren todo para ayer, y, mire mi hermano, así no se puede.

Piense por un momento: un mes, como promedio, tiene 30 días calendarios.  A eso reste los sábados y domingos, quizás uno que otro día festivo, y, ¿con cuánto se queda en días hábiles?  Como 19 a 20 días, ¿verdad?

Entonces, si sabe que tiene que resolver un asunto que tiene fecha de caducidad, ¿por qué rayos espera al último día hábil del mes para resolver?  Así no se puede.

Soy de las pocas boricuas que hago las cosas con tiempo.  Y no es que me guste esperar, porque hasta para morir hay que esperar, pero, hago las cosas con tiempo, especialmente si son asuntos que estén relacionados con el gobierno.  Dejar acumular cosas relacionadas con el gobierno es fatal.  Tras que la tecnología que utilizan es viejita, la eficiencia de algunos “servidores públicos” se puede poner fácil en tela de juicio.  Tener que madrugar a las 3am para estar casi a las 5am en una agencia gubernamental para hacer un turno para recibir servicio, no es agradable, yendo con tiempo o tarde.  Súmele entonces que los ciudadanos comienzan a quejarse, y no es para menos. 

Pero, esto no solo se da en el gobierno; es en los lugares donde se presta servicio/atención al cliente.  Claro, aquí puedo darme un poco de golpe en el pecho y decir que no es fácil.  Trabajé y continúo trabajando en esta área vital en cualquier empresa y, cada caso es distinto; se toma tiempo, pero la clave es cuán competente sea el empleado en el manejo del asunto.

¿Qué puedo decir?  ¡Ah!  Que el boricua espera justo el día antes de San Valentín, madres, padres, época escolar, “Halloween”, Navidad y Reyes para comprar lo que no han comprado en semanas, porque en varios de esos días, el comercio cierra... que los salones de belleza se atestan de mujeres queriendo resaltar la belleza para épocas festivas, graduaciones y bailes… que los boricuas esperan a fin de mes para bregar asuntos del automóvil y cuando les toca renovar la licencia de conducir y tienen multitas acumuladas, están pidiendo cacao…  Mire, mi hermano, así. no. se. PUEDE!!!  No y no…  Ni hablar de ir al banco.  El problema no es el cajero ni el tiempo que se toma en ir al supervisor a pedir una autorización, es el cliente que, espera a llegar a donde el cajero, pedirle prestado el bolígrafo, endosar el cheque y llenar la hoja de depósito, o, si va a pagar, preguntar a nombre de quién se gira el cheque… Mire… “y respiro profundo”.  Para eso está el representante bancario en la entrada para no tener que estar con esos comportamientos de último momento… “y respiro profundo otra vez”.  El problema no es si el estacionamiento del centro comercial está lleno y no encuentra un espacio cerca de la entrada; el problema es que el boricua es cómodo con velocidad y sale tarde para los lugares, espera a último momento para ir a Australia a cazar canguros, y, como este animal brinca rapidito, el boricua empieza a llamar a todos los santos para que intercedan con el canguro para que no se les escape…


Hay que aprender a canalizarse, organizarse, planificarse para no quejarse, porque ese es el problema (lo veo así).  No espere a último momento.  Sea “nerd”, esté a tiempo.  Si cada uno pone de su parte, la eficiencia mejora grandemente.

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