—“¿Y cómo está el bebe?”, me pregunta una señora entradita en años, retirada, en el centro religioso al cual asisto.
—“¿Cuál bebé?”, le pregunto.
—“El tuyo…”
—“¿El mío?” (con tono de incredulidad)
—“Sí, el tuyo…” (con toda la seguridad del mundo)
—“Ajá, ¿el mío? ¡Ah! Pues mírelo ahí…” (señalo a mi esposo)
—“¡Ay ‘mija!” (se ríe la señora) “No, no él, tu bebé. ¿Tú no tienes bebé?”
—“No, no tengo, excepto Fulano”
—“Oh… ¿Y cuándo vas a tener uno?”
—“Cuando quiera venir. No tengo prisa, soy joven y mientras, me disfruto los de los demás.”
_________________________________________________________________
Una experiencia como la que acaba de leer, mi querid@ lector/lectora, es la que, en muchas ocasiones, parejas y/o matrimonios sufrimos casi todo el tiempo. Es una prisa ajena el querer que haya bebés. No quiero que me malinterpreten: hay que estar conscientes de que no está fácil el proceso, que, en muchas ocasiones se vuelve eterno, por las circunstancias que sean. Mi esposo y yo, desde el principio de nuestro noviazgo, establecimos que tendremos dos retoños: a mi me da igual si dos niñas, dos varoncitos o uno/una. Para mí, lo más importante desde el momento de la concepción será cuidarme más para que la criatura venga sana, con todas sus partes completas, como debe ser.
Tengo que agradecer que mis padres (unos santos, por cierto, en esta materia), no me han presionado en ningún momento para que “les de niet@s”, al igual que el resto de mis familiares. A ellos también les doy las gracias y los bendigo.
Pero, sí hubo una persona que, ¡zas!, me hizo la pregunta acabando de casarme prácticamente. Nada más que mi suegra. Establezco que no la odio ni la detesto; todo lo contrario, es muy buena persona, le tengo aprecio, pero no esperaba la ya famosa pregunta de los 64,000 chavitos. Recuerdo como ahora, que estaba en esta mega tienda por departamentos, comprando unos encarguitos, y mi esposo había ido a casa de su mamá a ayudarla con un asunto. Mientras me encontraba en la tienda, llamo a mi esposo para consultarle algo y le pregunto:
—“Amor, ¿y tu mamá?”
—“Está bien; al lado mío la tengo.”
—“Oh… Ok. Le envío mis saludos.”
—(se escucha al fondo) “¿Quién es? ¿Marlyn?” Era mi suegra preguntando. Mi esposo le dice que sí y escucho decir de ella que me comunicara. ¡Oh Dios!
—“No me la pases, que no tengo deseo de hablar con ella…” le digo a mi esposo, y ¡zas!
—“¡Hola, Marlyn! ¿Cómo estás? ¿Qué haces?” ¡Ajá! Ella misma…
—“Pues todo bien. Aquí en la tienda, haciendo unos encarguitos… Jeje…” Eso último fue una sonrisa tímida, ¿saben?
—“¡Oh, que bien! Mira, ¿y cuando vienen los nietos?”
¿Qué fue lo que preguntó? Padre Celestial, pensé que lo estaba soñando, pero, ¡¡NOOOO!!, no era un sueño. Sentí que todo a mi alrededor se detuvo, porque, bueno, imagínense: lo menos que una se esperaba era esa pregunta al mes de estar casada, que es cuando hay tanto enchule, tanto "love", tanta chulería, en fin, que ambas partes andamos en una nube, y, vengan con eso o con "¿Y cuándo viene el bebé?". ¿Cuál es la refastidiada prisa? ¿Acaso van a cuidar de y mantener a la criatura? Alguien que me explique, porque a estas alturas no entiendo. Quizás sueno fuerte, pero estoy casi segura que la gran mayoría de las parejas y/o matrimonios se han sentido o se sienten así. He llegado a pensar que no deberíamos sentirnos tan mal... No, no... ¡Ah! Es que no es que nos sintamos mal, es que se siente tan incómodo; ese es el adjetivo: incómodo. Es que es algo tan íntimo, ¿verdad? Yo creo que es eso; una siente que se están metiendo en algo muy privado. Es más: quien pregunta, por más "inocente" que quiera hacer parecer la pregunta, obviamente no sabe si esa pareja no puede procrear o han decidido no hacerlo. Por eso, hay que tener mucho cuidado. Lección: ante la duda, pregunte. ¿Qué puede ganar? Una respuesta, de buena o mala gana. ¿Qué puede perder? Todo, nada o la vergüenza. Ya sé: prefiere perderlo todo o nada antes que la vergüenza. Muy inteligente de su parte. ¡Le felicito!
Querid@ lector/lectora, quizás no sea lo más "wise" en esta vida que existe, pero, en estos casi 7 años de matrimonio que llevo junto a mi esposo, nos hemos topado con cuánta gente haciendo la dichosa pregunta, que hemos adoptado la siguiente respuesta: "Cuando vengan l@s tuy@s". Con eso, la gente no nos preguntan más... en buen tiempo. ¡Jaja! Puedo decir que este trayecto no ha sido fácil, pero si uno hermoso. Elegí hacerlo con alguien dispuesto a todo por mí, que desea con toda su alma todos los días hacerme la mujer más feliz a pesar de las circunstancias que puedan existir. Sé que serás excelente padre para nuestr@s hij@s. Yo espero ser una madre espectacular y que nuestros hij@s sean excelentes y espectaculares. Tendrán l@s mejores abuel@s y tí@s a granel del mundo. No puedo esperar a ver tu reacción el día en que te enteres que estaremos esperando una bendición de parte de Dios.
A todas esas parejas y esos matrimonios que tienen planes de procrear y que, por alguna razón no se les ha bendecido, les digo: no tengan prisa. Disfruten de su relación al máximo. Dejen todito en manos de nuestro Padre Celestial; Él sabe lo que merecemos y en que tiempo. Pero lo más importante: cuando les vuelvan a preguntar cuándo vienen los bebés, sea quien sea, sin miedo a equivocarse, digan: "Cuando l@s tuy@s vengan, vendrán l@s de nosotros."
¡Ta-ta!


No hay comentarios:
Publicar un comentario