♪Te extraño, cómo se extrañan las noches sin estrellas, cómo se extrañan las mañanas bellas, no estar contigo, por Dios que me hace daño...♪
Así reza parte de una canción popular con la cual crecí, y, con la cual creció mi hermano. ¡Oh, mi hermano! ¡Te extraño tanto! Jamás pensé que pasaríamos por esto. No ha dejado de ser un solo día que se te menciones en nuestras conversaciones, en nuestas narraciones de recuerdos.
Recuerdo tan claro el día de tu partida; ¡wow!, fue fuerte. A mi no me dijeron que había pasado; todo fue pura intuición. Antes de llegar a la intuición, te cuento que nuestra pequeña hermana me llamó a las 7:15am, un domingo, para decirme que llegara a casa. ¡Imagínate! Pensé en lo peor: en ti. Para ese tiempo no vivía en casa; la independencia que tanto había anhelado, la pedí y estaba con mi hermana de crianza "Yex". Escuché a nuestra hermanita desorientada. Te admito que no quería contestar el celular al ver que se reflejaba en la pantalla el número de casa; quería dormir; había cerrado tienda la noche anterior. (Trabajaba en un supermercado en aquel tiempo.) Me levanté como resorte, sin sentido. Fui a donde "Yex" a despertarla y decirle que algo malo había pasado y que me daría un baño. Fue el duchazo más rápido que me haya dado: 10 minutos y agua fría. En eso, Waldy llamó a "Yex" para decir lo que realmente había pasado y que no me dejara ir sola para casa. Y, así fue. Me preguntó al salir del baño si "quería" que ella me acompañara; estaba tan nerviosa y aturdida que, a fin de cuentas, le dije que sí. Mientras esperaba por ella, decía en voz alta lo que siempre te decíamos en casa: correr no es juego. En la carretera no se corre. En fin, partimos para casa, y todo el camino, "Yex" estuvo sosteniendo mi mano; ella lo sabía, yo presumía. Esperaba llegar al hospital y encontrarte estuvieras como estuvieras, pero no muerto. Mientras, llamé a Richie y le dije lo que sabía. Él me esperaba en casa. Al momento de estar cerca de llegar a casa, "Yex" me dice: "¿Sabes desde cuándo no vengo acá?" "Desde la muerte de tío...", le respondí bien fría. Ella asintió con la cabeza y vi cómo se le aguaron los ojos. Al seguir el camino a casa y llegar a la calle, empezé a ver muchos carros que no era normal ver a las 8am un domingo; mi intuición se estaba volviendo una pesadilla. Afuera me esperaba Papi. (Suspiro) Me bajé del carro; no le di "break" a que "Yex" parara. Lo único que hice fue gritar como desesperada y abracé a Papi cómo nunca lo había abrazado. No podía creer mi intuición. De ahí, fui corriendo a tu cuarto, gritando "¡Esto no puede ser, Dios mío, no puede ser!". Tu cuarto estaba frío, porque tu plan era volver después de hacer el favor. Lloré, grité, pero sabía que eso no te traería devuelta. Luego fui a donde nuestras hermanas. Estaban destrozadas. No hicimos otra cosa que abrazarnos. No había más que hacer, sino unirnos para sobrellevar el dolor. Faltaba ver a Mami. No la había visto y cuando la vi tan tranquila pero llorosa, tuve que llorar. No podía creer de dónde sacaba tanta fuerza para poder bregar; luego lo entendí, y eso fue lo que nos ayudó a tod@s a superar. Durante el día, la casa no cesó de recibir gente. Llegaron todas nuestras amistades, toda esa gente que te conoció; sin tod@s ell@s, no hubiera sido posible pasar el momento. Hice a Papi tener algo en el estómago; no quería comer. Le compré una batida de las que le gustan e hice que se la bebiera. Su dolor le había provocado cero apetito. En el trabajo, se portaron bien conmigo: me dieron la semana completa, pero eso no fue suficiente. Se pronunció un discurso a tu memoria y del consuelo que se haya en la Biblia de pronto verte, tan lindo como siempre. Habían fotos de ti en una mesa y arreglos de rosas azules espectaculares. Hoy en día, en mi actual trabajo hablan de cómo hicieron para llegar y apoyar a Papi y de cuán lleno estaba el lugar. A vuelo de pájaro, habían como 500 personas. ¡Wow! Que mucha gente tocaste. Puedo decir que te cargué por última vez: en cenizas.
Desde siempre valoré el tenerte como hermano. Es triste que te fueras tan pronto como a los 18 años. Desde ese momento en adelante, comprendí cuánto he de cuidarme para no hacer sufrir a los que me aman, sino hacerlos feliz cómo tu hiciste con tanta gente.
Le comentaba a un buen amigo cuánto deseo que el mes de junio no existiera en el calendario. Ahora comprendo que lo que dije es una soberana burrada. Tiene que exisitir porque sino, la vida no estaría completa.
Te amé, te amo y te amaré eternamente, porque tengo la maravillosa esperanza de verte en condiciones mejores a las de ahora: verte sanito, brincar y gozar como hacíamos cuando crecimos, en el mismo lugar: la Tierra.
¡Me haces demasiada falta!
A ti, José Luis Renta Otero "Chegüi", dedico en memoria, el relanzamiento de mi blog "Dímelo Cantando, el Blog". Espero que sea del agrado de tod@s l@s que se vayan uniendo con el paso del tiempo. Les prometo hacer reír, quizás llorar, pensar y actuar.
Así reza parte de una canción popular con la cual crecí, y, con la cual creció mi hermano. ¡Oh, mi hermano! ¡Te extraño tanto! Jamás pensé que pasaríamos por esto. No ha dejado de ser un solo día que se te menciones en nuestras conversaciones, en nuestas narraciones de recuerdos.
Recuerdo tan claro el día de tu partida; ¡wow!, fue fuerte. A mi no me dijeron que había pasado; todo fue pura intuición. Antes de llegar a la intuición, te cuento que nuestra pequeña hermana me llamó a las 7:15am, un domingo, para decirme que llegara a casa. ¡Imagínate! Pensé en lo peor: en ti. Para ese tiempo no vivía en casa; la independencia que tanto había anhelado, la pedí y estaba con mi hermana de crianza "Yex". Escuché a nuestra hermanita desorientada. Te admito que no quería contestar el celular al ver que se reflejaba en la pantalla el número de casa; quería dormir; había cerrado tienda la noche anterior. (Trabajaba en un supermercado en aquel tiempo.) Me levanté como resorte, sin sentido. Fui a donde "Yex" a despertarla y decirle que algo malo había pasado y que me daría un baño. Fue el duchazo más rápido que me haya dado: 10 minutos y agua fría. En eso, Waldy llamó a "Yex" para decir lo que realmente había pasado y que no me dejara ir sola para casa. Y, así fue. Me preguntó al salir del baño si "quería" que ella me acompañara; estaba tan nerviosa y aturdida que, a fin de cuentas, le dije que sí. Mientras esperaba por ella, decía en voz alta lo que siempre te decíamos en casa: correr no es juego. En la carretera no se corre. En fin, partimos para casa, y todo el camino, "Yex" estuvo sosteniendo mi mano; ella lo sabía, yo presumía. Esperaba llegar al hospital y encontrarte estuvieras como estuvieras, pero no muerto. Mientras, llamé a Richie y le dije lo que sabía. Él me esperaba en casa. Al momento de estar cerca de llegar a casa, "Yex" me dice: "¿Sabes desde cuándo no vengo acá?" "Desde la muerte de tío...", le respondí bien fría. Ella asintió con la cabeza y vi cómo se le aguaron los ojos. Al seguir el camino a casa y llegar a la calle, empezé a ver muchos carros que no era normal ver a las 8am un domingo; mi intuición se estaba volviendo una pesadilla. Afuera me esperaba Papi. (Suspiro) Me bajé del carro; no le di "break" a que "Yex" parara. Lo único que hice fue gritar como desesperada y abracé a Papi cómo nunca lo había abrazado. No podía creer mi intuición. De ahí, fui corriendo a tu cuarto, gritando "¡Esto no puede ser, Dios mío, no puede ser!". Tu cuarto estaba frío, porque tu plan era volver después de hacer el favor. Lloré, grité, pero sabía que eso no te traería devuelta. Luego fui a donde nuestras hermanas. Estaban destrozadas. No hicimos otra cosa que abrazarnos. No había más que hacer, sino unirnos para sobrellevar el dolor. Faltaba ver a Mami. No la había visto y cuando la vi tan tranquila pero llorosa, tuve que llorar. No podía creer de dónde sacaba tanta fuerza para poder bregar; luego lo entendí, y eso fue lo que nos ayudó a tod@s a superar. Durante el día, la casa no cesó de recibir gente. Llegaron todas nuestras amistades, toda esa gente que te conoció; sin tod@s ell@s, no hubiera sido posible pasar el momento. Hice a Papi tener algo en el estómago; no quería comer. Le compré una batida de las que le gustan e hice que se la bebiera. Su dolor le había provocado cero apetito. En el trabajo, se portaron bien conmigo: me dieron la semana completa, pero eso no fue suficiente. Se pronunció un discurso a tu memoria y del consuelo que se haya en la Biblia de pronto verte, tan lindo como siempre. Habían fotos de ti en una mesa y arreglos de rosas azules espectaculares. Hoy en día, en mi actual trabajo hablan de cómo hicieron para llegar y apoyar a Papi y de cuán lleno estaba el lugar. A vuelo de pájaro, habían como 500 personas. ¡Wow! Que mucha gente tocaste. Puedo decir que te cargué por última vez: en cenizas.
Desde siempre valoré el tenerte como hermano. Es triste que te fueras tan pronto como a los 18 años. Desde ese momento en adelante, comprendí cuánto he de cuidarme para no hacer sufrir a los que me aman, sino hacerlos feliz cómo tu hiciste con tanta gente.
Le comentaba a un buen amigo cuánto deseo que el mes de junio no existiera en el calendario. Ahora comprendo que lo que dije es una soberana burrada. Tiene que exisitir porque sino, la vida no estaría completa.
Te amé, te amo y te amaré eternamente, porque tengo la maravillosa esperanza de verte en condiciones mejores a las de ahora: verte sanito, brincar y gozar como hacíamos cuando crecimos, en el mismo lugar: la Tierra.
¡Me haces demasiada falta!
A ti, José Luis Renta Otero "Chegüi", dedico en memoria, el relanzamiento de mi blog "Dímelo Cantando, el Blog". Espero que sea del agrado de tod@s l@s que se vayan uniendo con el paso del tiempo. Les prometo hacer reír, quizás llorar, pensar y actuar.
--José Luis Renta Otero--
-------"Chegüi--------
Nació un maravilloso martes 17 de marzo de 1987 en el Hospital Del Maestro en Hato Rey.
Descansa en la muerte de forma súbdita por un accidente de carro en Canóvanas el
domingo 26 de junio de 2005.
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